Tomate para todos

Thursday, April 01, 2004


Ejecutiva, chacha, madre y mujer amantisima. Todo a la vez no se puede ser, porque uno llega a un estado de tensión dificil de sobrellevar.

Te levantas con el dedo derecho a la cafetera, te pintas el ojo, te pones los tacones, a las 8:00 sale el autobus, como lo pierda, 20€ de taxis (es lo que tiene trabajar en La Moraleja, superosea)., aguantas pedorros, pesados, etc hasta las 18:00 que, por fin, te vas a Madrid: una hora de trayecto.

Empieza el segundo asalto : haz la compra: no hay fruta, pero además no puedes cocinar nada que influya en el colesterol o el azucar, es decir, que no puedes cocinar carne, ni arroz, ni pasta, ni embutido, ni pan... Y ahora qué pongo yo de cena ? Pues ensalada, para variar. Llego a casa, mi hermano-hijo lleva todo el día "hueveando", la cocina hasta arriba de platos y vasos, su habitación parece Londres. Pongo la lavadora, friego la cocina, ordeno el salón, ventilo la casa, preparo la cena. Entre tanto mi hermano-hijo me persigue por toda la casa, no para ayudar, sino para narrarme sus últimas ideas sobre cómo salvar el mundo (en el fondo también me gustaría vivir en su mundo de colores, que debe estar en otra galaxia) Hablo con él, le escucho, le intento ayudar (aunque creo que no lo consigo), ya está todo más o menos decente.
Ahora llega la tercera parte, llega mi novio-amante, cenaremos, bueno no está mal la crema (porque al final he hecho una crema) y la pińa está en su punto. Recojo la mesa, friego los platos, ordeno la cocina. Ya no puedo con mi alma, me meto en la ducha, agua calentita, cremita, qué gusto!
Por fin, a la cama, bueno, tengo un pulpo entre las sábanas, así que todavía me cada la última parte antes de poder plegar el ojo, esta parte es más reconfortante, pero a pesar de todo ˇQuiero dormir!
żEl pluriempleo no está penado en este país?. Pues por favor, que lo penen de verdad, que no puedo más.


Wednesday, March 31, 2004


Adoro los corsés, siempre me han gustado, me parecen una prenta de lo más femenino y muy favorecedor, a pesar de que nunca he tenido ninguno. Claro está no me refiero a los corsés tipo Scarlata O´Hara, sino a aquellos que parece, pero que no lo son, que para sufrir ya está la vida real.

En cuanto a la vida real, odio los corsés, aquí me pasa al contrario que con los otros que no me gustan en absoluto y, sin embargo, lo llevo puesto desde que nací. No los ves, apenas los notas, pero están ahí. Casi no sientes que están hasta que te oprimen tanto que no te dejan respirar, te empiezas a amoratar, a necesitar aire. Aire que nunca llega, y que cuando llega es siempre para empeorar la situación. Entonces es el momento de tirar de las cintas y quitarte el corsé, y decidir andar por el mundo sintiendo en tu piel las caricias del viento, del mar, de otra piel. Pero esto resulta casi imposible, en algunos casos es tan doloroso... Quizás no merezca la pena salir de él, quizás no merezca la pena experimentar todas esas sensaciones de desnudez, quizás, quizás... Nos hayamos vuelto demasiado cómodos y hayamos perdido ese punto de inconformismo que resulta tan excitante


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